El Sol del Membrillo
From the brilliant director of “The Spirit of the Beehive” comes a beautifully paced and enlightening film about the Spanish painter. Antonio López Garcia. Voted Best film of 1992 by Spanish film critics, and awarded several prestigious international prizes, the film has also been a great success with cinema audiences, who have been amused and delighted by this engaging study of the frustations, patience and persistence involved in the creation of a work of art. During the autum months of 1990, López attempts to paint, with meticulous precision, a ripening quince tree in the garden of his house in Madrid. The play of light on the leaves and the splendour of the golden fruit proves increaingly elusive to capture as the nights draw in and the fruit begins to drop. Life goes on around the painting and López is visited by friends and fellow artists who provide lighthearted interludes.
Ésta es la historia de un artista (Antonio López) que trata de pintar, durante la época de maduración de sus frutos, un árbol —un membrillero— que hace tiempo plantó en el jardín de la casa que ahora le sirve de estudio. A lo largo de su vida, casi como una necesidad, el pintor ha trabajado sobre el mismo tema en muchas ocasiones. Cada año, con la llegada del otoño, esa necesidad se renueva. Lo que el artista no ha hecho nunca en su pintura del árbol es introducir entre sus hojas los rayos del sol. Desde el estilo que le es propio —un estilo que parte de la exactitud— esa tentativa posee una gran dificultad, se revela, según las circustancias, casi como una imposibilidad. En esta ocasión decide afrontarla. Pero lo hace como es habitual en él, con una tensión razonable, sin perseguir siquiera el acabado del cuadro, sin otro afán que permanecer unas semanas junto al frágil y generoso árbol. La película da cuenta de esta experiencia y, a la vez, de todo aquello (el paso de los días, la rutina cotidiana de personas y cosas…) que gravitan sobre esa casa y ese jardín. Un espacio y un tiempo —otoño de 1990— donde el artista trabaja y los frutos del árbol llegan al momento de su máximo esplendor. Cuando el invierno empieza a anunciar su llegada, los membrillos maduros, al caer de las ramas, ponen punto final a la labor del pintor, iniciando en tierra el proceso de su descomposición. Es entonces cuando, en la noche, el pintor nos cuenta un sueño.